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Una crónica de Ibrahim Ferrer Jr. nos cuenta Cuba en primera persona

Ibrahim Ferrer Jr. es hijo del gran músico Ibrahim Ferrer, que llevara el son cubano a todo el mundo con su Buena Vista Social Club. Él, cubano pero residente en Buenos Aires, nos pinta la isla y nos da ganas de ir a caminarla.

Pablo Milanés canta: “Amo esta isla, soy del Caribe, jamás podría pisar tierra firme porque me inhibe”. Esa es mi idea de lo que significa ser del Caribe, sentimiento con el cual nacemos, crecemos y vivimos los isleños. Santiago de Cuba, donde nací, es la cuna de la trova, dio a luz a enormes músicos, poetas, compositores. Y tiene a la Virgen de La Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, madre maravillosa venerada por todos. La Habana es antigua, bulliciosa, en reconstrucción permanente por su arquitectura colonial y el clima costero que daña siempre estas construcciones tan bellas y con tantas historias.

 

Ibrahim Ferrer Jr. y su nostalgia de La Habana

El icónico Hotel Nacional en La Habana es de principios del siglo XX

 

Al llegar a Cuba, además de sentir ese aire cálido típico del verano, húmedo y caluroso, se combina la fresca brisa marina con la fuerte y caliente luz del sol. En todas las ciudades es común oir un bullicio porque hablamos más fuerte de lo normal. Y si nos encontramos entretenidos en la conversación, de seguro acompañamos nuestras palabras con los brazos, con las manos. Así es como nuestro cuerpo va haciendo un relato de lo que nuestros labios dicen y lo que no.

 

Mar Azul, Guanabo, Megano son las playas a las que se puede ir en “guagua” (el colectivo) o en autos de alquiler. También se puede hacer ese recorrido disfrutando el paisaje costero en un coche clásico de los años 1940 o 1950. Los turistas pueden alquilar una casita y pasar unos días por allí de una manera simple y relajada. Claro que nunca faltará la música y la bebida que alegran el corazón.

 

Otros lugares muy nuestros en La Habana son las playas del este de la ciudad, como dice la canción de Afro Cuban All Star: “allá en las Playas del Este, pasando el túnel, mi amor, tengo una casita linda y allí está mi corazón”. Los cubanos somos personas alegres, siempre nos reunimos para cantar, bailar, comer y hablar.

 

Ibrahim Ferrer Jr. y su nostalgia de La Habana

La plaza de la Catedral de La Habana

 

Disfrutamos cada día como si fuera el último, pero sin tanto dramatismo, sin preocupaciones. Todo el año estamos rodeados de gente de diferentes lugares que vienen a conocer nuestro lugar y a compartir nuestras costumbres. Entre ellas, nuestro plato típico: crujientes chicharrones, que son trocitos de cuero de cerdo dorados en manteca. Nada mejor para acompañarlos que un trago de ron. Mientras cocinamos siempre hay un grupo jugando al dominó, nuestro deporte nacional y familiar. Para todo turista, un lugar a visitar es lo que nosotros llamamos “el paladar”, es una casa de familia donde se arma en un espacio con mesas. Allí se sirven platos típicos bien elaborados, pero conservando la impronta de lo casero.

 

En La Habana recomiendo los jardines de La Tropical, un parque en el barrio de Marianao, que tiene diferentes espacios bailables donde se disfruta siempre la música en vivo.

 

Ibrahim Ferrer Jr. y su nostalgia de La Habana

En Santiago de Cuba, una vista del santuario dedicado a la Virgen de la Caridad del Cobre

 

No somos trasnochadores de la calle, quizás esto sea porque caminamos todo el día. Hace varios años que vivo en Buenos Aires, pero siempre veo que tengo la extraña sensación de que algo vuelve a mí cada vez que regreso a mi isla, a Cuba. Al pasear por sus calles, siento sus aromas, su música, su gente.

 

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Fuente: Clarín Viajes
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